23 diciembre 2007

La Ciudad Medieval II: Comercio

Continuando con este análisis que dejamos aparcado tiempo atrás, vamos a ver cómo se distribuyen los distintos oficios comerciales en las ciudades medievales. Es un factor si cabe aún más importante que el de los edificios para darle realismo a tus campañas fantástico-medievalosas, ya que los aventureros muy a menudo pasan por la villa precisamente para reabastecerse y por tanto para entrar en contacto con numerosas profesiones comerciales.

Lo primero que debemos evitar es el falso mito del mercado. Es decir, los jugadores llegan a la ciudad y dicen: vamos al mercado a comprar. Llegan a una zona siempre llena de gente abarrotada de tiendas de distintos tipos, donde pueden comprar todo tipo de género en poco tiempo. Frente al alquimista está el vendedor de carne y frente al herrero se encuentra el vinatero. En realidad, esto es una forma de pensar muy moderna influída por nuestros actuales centros comerciales, pero no es ni real ni lógico dentro de la organización de la ciudad medieval. Veamos cómo debería ser.

El mercado: en realidad se montaba cada cierto tiempo, por ejemplo una vez a la semana en una de las calles principales de la ciudad. Habitantes de los alrededores de la ciudad, de los bosques, campos y montes cercanos llegaban con sus mercancías y tenderetes a vender. Se acotaba una zona y allí se vendía todo aquello difícil de conseguir en la propia ciudad. En esa zona no se podía acceder con armas y a menudo la guardia de la ciudad se encargaba de asegurarse de eso registrando a la gente a la entrada.

Las tiendas: el resto de comercios van a encontrarse agrupados en calles dedicadas a un solo oficio. Así, habría una calle de herreros, otra de carniceros, otra de orfebres, mantequeros, plateros, etc. Por lo general, las tiendas estaban ubicadas en la planta baja de las viviendas de sus dueños, quizá con un toldo hacia la calle para vender al aire libre los productos.

Muchos de los comercios van a necesitar de abastecimiento regular de agua (baños públicos, tintoreros, vinateros, curtidores, herreros...), por lo que las calles y barrios de tiendas no estarán lejos del río (quede claro de antemano que rara sería la ciudad alejada de una fuente de agua). Dado que los desechos se arrojaban al río, había normativas para no recoger agua para uso humano por debajo del punto donde vertían estos comercios.

Conviene informar a los jugadores de que en una edad media realista, pocos serán los comercios que se hagan competencia en tipo de mercancías y precios, dada la influencia de los gremios, que obligaba a vender todo artículo de un mismo tipo al mismo precio y fabricado de la misma manera. Pero sin duda en un mundo de magia con objetos mágicos esta restricción será menor o inexistente. Y ya que lo mencionamos...

Negocios mágicos: veamos qué ocurre si aplicamos las normas que recibían los demás negocios a estos en particular. Por ejemplo los alquimistas y boticarios que preparan pociones y ácidos necesitarán tener el agua cerca y sin duda deberán deshacerse de los restos de su trabajo de forma especial o acabaríamos teniendo peces lanzadores de fuego con cuernos y similar.

Los herreros que preparan armas mágicas estarán cerca de magos o de templos y también tendrán acceso a una calle amplia por la que puedan llegar cargas de mineral especial. Y sin duda tandrán medidas de protección especial en sus tiendas.

Cualquier tienda que venda magia en general deberá tomar precauciones especiales. Sus casas habrán de estar fabricadas de materiales especiales y el transporte de mercancías sin duda se realizará bajo condiciones especiales de seguridad e higiene. Por no hablar de los impuestos especiales que sin duda deberán pagar.

Como vemos, una descripción detallada dará para mucho. Normalmente no será necesario llegar a tanto y bastará con sacar estos datos cuando sean necesarios; los jugadores agradecerán el color y que estos temas no se resuelvan con una sesión de papel y lápiz sin interpretación. Por supuesto con el tiempo conocerán esto tan bien como su árbitro y dejará de ser necesario ser tan específico en todas las ocasiones.