19 abril 2008

Premisas literarias.

Es frecuente que los árbitros de rol acabemos intentando crear una partida que esté basada en un libro que hayamos leido y que nos haya impresionado. Estamos seguros de que la historia también impresionará a otros y por eso queremos trasladarla a una partida de rol. Sin embargo, ¿no es igual de frecuente quedarse con un extraño sabor de boca al jugarla, un sabor amargo? Las cosas no salen como esperábamos y la partida no nos hace evocar siempre los mismos sentimientos que el libro.

Es perfectamente lógico que ocurra así. Un libro y una partida de rol son medios diferentes de contar una historia y por tanto los mismos giros argumentales, personajes y suposiciones no sirven en ambas. Si esperamos que los jugadores se comporten tal y como lo hacen los de la novela, vamos listos; sin duda nos sorprenderan con cambios que no esperábamos. Si nos habíamos apegado demasiado al libro, esto puede defraudarnos.

Yo creo que lo mejor es no partir de la idea de crear una partida que sea reflejo fiel de un libro. Más bien conviene coger aquella premisa inicial que nos impresionó del libro y convertirla en la introducción de nuestra partida, creando a partir de ella una historia totalmente nueva que no se parezca en nada al libro.

¿Qué sería la premisa inicial? Es el argumento del libro que suele venir en la contraportada del mismo, de tal manera que te resume de qué va la historia pero sin revelarte detalles críticos que fastidiarían su lectura adelantándote el final. Os pongo varios ejemplos para que veáis premisas iniciales de varios libros (algunos que quizá nunca pensásteis usar en una partida de rol) que pueden convertirse en partidas con facilidad:

-El Viaje del Horizonte (Julián Marías): un adinerado aventurero del siglo XIX organiza una expedición en barco a la Antártida, a la que invita a un grupo de escritores y músicos de renombre para que realicen obras inspiradas en lo que allí vean.

-Pedro Páramo (Juan Rulfo): un hombre viaja al pueblo de su desconocido padre para buscarle; allí descubre un pueblo fantasma pero habitado por gente misteriosa, enigmática, que le anuncian que su padre ha muerto.

-La Montaña Mágica (Thomas Mann): en un balneario aislado en los Alpes, un grupo variopinto de pacientes (libidinosos rusos, un italiano filo-satánico que conversa con un jesuita, un enfermo incurable que fantasea con el suicidio...) al cuidado de doctores que no parecen querer que sus enfermedades desaparezcan nunca.

-La Peste (Albert Camus): en la ciudad de Onan se declara una epidemia de Peste Negra, lo que obliga a sellar sus salidas y aislar a la población en el interior hasta que pase la crisis.

Espero que veáis así por dónde voy. No hay que seguir el argumento del libro, sino desarrollar desde aquí nuestras propias ideas.

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